lunes, 17 de marzo de 2008

EXCLUSIÓN SOCIAL


CUATRO FAMILIAS QUE RESIDEN EN CHABOLAS CON UNA DOCENA DE NIÑOS ESTAN AMENAZADAS DE DESAHUCIO.
Los gitanos del Espíritu Santo denuncian la falta de recursos
Una constructora edificará en la parcela donde han instalado un poblado.



Los clanes Hernández y Gabarri.Foto:JOSE VALLINA Edición impresa en PDF

Las cuatro familias gitanas que viven con una docena de hijos, con edades comprendidas entre los 15 meses y 18 años, en chabolas prefabricadas con maderas y cartones en las inmediaciones del polígono del Espíritu Santo en condiciones infrahumanas --sin luz, ni agua y rodeados de ratas-- han visto agravada su situación en las últimas semanas por la precariedad económica en la que se mueven y que impide que puedan acceder a una vivienda en régimen de alquiler con algún tipo de protección. En el municipio tampoco hay pisos de emergencia libres para este problema, mientras van pasando los meses y la amenaza del desahucio pesa sobre ellos ante la inminente construcción de viviendas en la parcela que han ocupado, que es de propiedad privada.
Una asistente social visitó a las familias --pertenecientes a los clanes Hernández y Gabarri--, pero no pudo ofrecerles la respuesta que ellos esperaban escuchar. "Vino a decirnos que no había ninguna vivienda de emergencia, ni nos iban a dar ayudas. Los ánimos cada vez están peor porque hay que comer todos los días y no sabemos de dónde vamos a sacar el dinero", explica Luis Hernández que vive en una de las chabolas junto a su esposa Tránsito García y sus cuatro hijos, de 8, 10, 15 y 18 años.
Su pequeño habitáculo tampoco está preparado para aguantar condiciones climatológicas extremas, como ocurrió con el pasado temporal. "Las maderas están muy estropeadas y estos días pasados, de fuertes vientos y lluvia, lo pasamos realmente mal. Aquí cada vez vamos a peor", señala el cabeza de familia.
La familia presentó la solicitud para acceder a una vivienda de emergencia y para cobrar el salario social, pero no lograron ni una cosa, ni otra. "No vemos ningún resultado de ninguna gestión política. Estamos como al principio, tirados como perros, sin que nadie venga aquí a echarnos una mano", asegura.
ENTRE RATAS La familia Hernández dice que confiaba en que los políticos, en época electoral, iban a estar más comprometidos con las necesidades de las personas sin recursos como ellos, pero se queja de que, una vez pasada la campaña, les hayan dejado de lado. "Nosotros esperábamos más de los políticos, pero los verdaderos problemas de la gente son éstos. Vivimos entre ratas que nos están comiendo y no tenemos una vivienda digna para vivir como las personas normales y eso es lo que pedimos, vivir como una persona humana", repite Luis Hernández.
Su situación es similar a la de Miguel Gabarri que vive, a escasos metros, en otra chabola junto a su mujer Noemí Gabarri, que está embarazada, y sus tres hijos de diez meses, 3 años y 6 años. O la del patriarca, Juan Antonio Hernández, que comparte la chabola con su mujer Concepción, sus tres hijos, su nuera y los dos nietos de 15 meses y tres años. "No sabemos dónde vamos a estar dentro de un mes, pero sí sabemos dónde no van a estar las chabolas", corrobora entre lamentos.

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