viernes, 28 de marzo de 2008

Magdalena Gelabert Horrach , COLEGIO DE EDUCADORES SOCIALES DE BALEARES

"El delito como destino"
MAGDALENA GELABERT

"Los menores que cometen actos delictivos no son delincuentes, sino víctimas. Como dijo Aristóteles, el niño es un proyecto de hombre, y como tal se encuentra sujeto al destino de las manos que lo cincelan. Inmersos como estamos en la vorágine del progreso económico parece que no sabemos qué hacer con nuestros hijos, y desconocemos la herramienta más apropiada para modelarlos. Para más inri, dejamos a nuestra prole en manos de un sistema reticente a recoger el testigo. Tener hijos obliga a ejercer responsablemente la paternidad, vaya por delante.La sobreprotección de nuestros hijos les habitúa a la satisfacción inmediata, generalmente con objetos materiales, "cosas" que desafortunadamente vienen a sustituir la utilización del pensamiento para resolver de forma sana las frustraciones.Si a este estado de cosas sumamos la negligencia y la desafección de algunos padres, podemos observar como se obstaculiza el proceso de identificación, por consiguiente los menores carecen de modelos objetivos y, en su constante búsqueda de afecto y reconocimiento, pueden equivocarse. Entonces nos desayunamos con que han fallado la familia y la escuela como instituciones, sistemas de control que hacen que un ser humano crezca con el sentido de pertenencia que le hace participe de las normas. Un adolescente de doce años que delinque de forma continuada es víctima del sistema que tiene el encargo de protegerle. Algunos menores, tienen la suerte de gozar de la protección de sus: padres, abuelos, etc. Otros, en cambio, son agredidos por éstos, proyectando sobre sus frágiles mentes todo el rencor y la frustración que la colectividad no sabe aliviar. Es una agresión en toda regla, a la que los adolescentes responden con igual contundencia, y que a nuestros ojos les convierte en delincuentes. De tal manera, que muchas conductas son consecuencia de la desorganización y el caos del modelo que les obliga a desplegar mecanismos de defensa.
Tenemos encomendada la crianza de nuestros hijos, y de ella deriva el proporcionarles un hábitat íntegro para que la violencia no forme parte de sus experiencias primeras, para que si detectamos situaciones de peligro intervengamos de inmediato. Para ello existen recursos, expertos que están con las personas en las situaciones difíciles ofreciendo alternativas. Los educadores sociales trabajan en el ámbito de la familia, porque es una realidad que las situaciones de privación, de acceso a los bienes, existen, otra cuestión es que no nos sintamos partícipes de esta injusticia y validemos el régimen de acaparamiento por desposesión del otro, haciendo responsable de su situación a los que la padecen. No en vano, "la protección de la infancia está estrechamente unida a la defensa social".Si analizamos los datos, es más barata la prevención que edificar y sostener centros de internamiento. Pero por encima de todo, es menos doloroso para los chicos. En este caso la parte vulnerable, frágil, es el menor privado de afecto y de experiencias gratificantes.El educador social puede realizar una importante labor de prevención, supervisión, evaluación y gestión de alternativas; de salidas. Proporcionar acompañamiento y resolución en situaciones cronificadas y de difícil pronóstico y construir puentes de comunicación entre sistemas, recomponiendo el diálogo entre partes en conflicto. Pero sobre todo, estar con las personas que por diversas cuestiones han desconectado con la norma social. El educador social, en suma, puede cimentar alternativas, aunque para ello es necesaria la autocrítica dentro de un modelo de responsabilidad con la colaboración de todos."

Magdalena Gelabert Horrach, Àrea de Comunicació del Col·legi d´Educadores i Educadors Socials de les Illes.

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