martes, 18 de marzo de 2008



SAN SEBASTIÁN
Unidos por los árboles

De la mano de Haritzalde, jóvenes
donostiarras e inmigrantes plantaron
medio centenar de robles en Igeldo
SAN SEBASTIÁN. DV.

Dispuestos a contribuir a la reforestación de Igeldo y, por qué no, también a hacer amigos, más de una veintena de jóvenes se daba cita el pasado fin de semana en las faldas del citado monte. Entre los asistentes se encontraban algunos donostiarras y numerosos inmigrantes de origen marroquí, senegalés y argelino. «Vamos a plantar árboles», decía, en un castellano apenas comprensible, aunque con un entusiasmo, un grupo de adolescentes norafricanos.
«¿Aquí? Pero si este suelo está quemado», comentaba otro chico un tanto sorprendido por el desolador aspecto que ofrecían las varias decenas de hectáreas arrasadas por el fuego que se asoman al mar. «El incendio no le afectó lo suficiente. Sólo ardió la capa más superficial», le respondía uno de los integrantes de Haritzalde, la asociación organizadora de la actividad junto a la denominada Kaebnai (Kultur Arteko Ekintza Berria Nueva Acción Intercultural), que agrupa a educadores sociales.
«Todos los años por este mes solemos realizar una plantación en la capital guipuzcoana. Éste, sin embargo, se ha traducido en dos; la que ya llevamos a cabo la semana pasada con socios del Club Vasco de Camping y la de hoy -por el sábado-, que será algo menor», señalaba Asier Goya, otro miembro de Haritzalde, quien hacía recuento de los ejemplares con los que tratan de repoblar el terreno situado en la zona de Polipaso, en el término municipal de San Sebastián.
«Hace siete días pusimos cien robles marojos, los que mejor se adaptan a este lugar, y cien abedules, que se emplean porque crecen antes que los primeros y, así, les dan sombra, pues no les conviene mucho sol. Esta mañana, en cambio, plantaremos cincuenta robles autóctonos, cedidos por el Ayuntamiento de los que les sombraron a los escolares en Ametzagaina, y otros árboles donados por el vivero Elorri de Lezo», declaraba Goya.
Antes de comenzar a poner sus herramientas en funcionamiento, hacían un alto para atender las explicaciones de los voluntarios de Haritzalde.
Según les indicaban con ayuda de paneles, «hay que excavar hoyos lo suficientemente grandes para que entren bien las raíces y dejar una distancia de unos cuatro pasos entre los diferentes hoyos. Las raíces de la plántula se introducen en el hoyo y se cubren bien con tierra. Se pisa moderadamente la tierra que rodea la plántula y se riega para que quede compacta y adherida a las raíces». Y para poder dar por concluida la tarea, un último consejo: «El árbol tiene que quedar bien sujeto y derecho».
Vidas paralelas
Los jóvenes, tanto los nacidos en la ciudad como los venidos de otros países, pero que ahora viven en pisos de acogida repartidos por buena parte del territorio guipuzcoano, se lanzaban a llevar a la práctica lo aprendido. Willy era uno de los primeros en intentarlo. A sus apenas 16 años, este simpático chico conoce en carne propia el drama que a diario salta a los medios de comunicación.
Llegó el pasado verano a Cartagena en patera procedente de su Argel natal. En la actualidad, reside en Intxaurrondo. «Bueno, en realidad, allí sólo duermo, porque me voy temprano a clase, a la Ikastola Arantzazuko Ama de Martutene y luego al Polígono 27, a seguir estudiando. No vuelvo hasta las diez de la noche», confesaba.
Su historia es similar a la de Mohamed, un chaval de su misma edad que abandonó Marruecos anhelando una existencia diferente a la que le ofrecía su pueblo. Desde hace un año comparte casa en Lazkao con otros menores. «Antes íbamos a clases de castellano, pero desde hace unos meses las hemos cambiado por talleres», contaba este apasionado del rap.
No tan diferentes eran sus gustos e inquietudes de los jóvenes donostiarras con los que Willy, Mohamed y el resto de inmigrantes. Como prueba de la amistad que se empezó a fraguar quedan las fotos que inmortalizan el momento y los árboles que desde ahora crecen en Igeldo.


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