domingo, 6 de abril de 2008

Artículo de opinión

"El pasado no es lo que era"
" Orwell decía que quien controla el pasado controla el futuro. Aplicada a diferentes contextos esta afirmación tiene muchos significados, pero sólo un único sentido: que quien ha sido capaz de hacerse con la manera de darse una cosa es capaz de dirigir los pasos de lo que se ha creado.
Partiendo de esa idea y teniendo en cuenta desde donde hablamos y para quien hablamos, cuando nos referimos a personas cuyas personalidades están por desarrollarse es aún más clarificadora la afirmación.
Cuando echamos un vistazo a la vida de esos jóvenes que llegan, por diferentes cauces y motivos, a las manos de la administración somos conscientes que quien debió velar por su pasado erró. Profundizar en las historias de vida, y escuchar sus testimonios constituyen una prueba de que las decisiones no fueron las más acertadas, y que esas elecciones tienen sus consecuencias desafortunadas.
Cuando se estudia en profundidad los factores que desembocan en situaciones de institucionalización del menor, se hacen presentes aspectos como la desestructuración familiar –denominación muy socorrida pero quizás no del todo clara- problemáticas económicas, desempleo, falta de apoyo familiar y social, etc. Pero es fundamentalmente la desprotección familiar –o institucional, el desapego hacia el menor desde todos los puntos de vista, desde lo afectivo a lo material, lo que destaca como la verdadera puerta de entrada a los centros de menores.
Hoy, parece que vivimos lo que algunos llaman “la crisis de la familia”, desde luego por lo menos de la familia que hemos tenido como tradicional y que ha sustentado los resortes básicos de la sociedad que conocemos. Es evidente la transformación en todos los órdenes de esta institución básica. En poco tiempo hemos sido espectadores de la incorporación de la mujer al mercado laboral, del envejecimiento creciente de la población, de la pérdida de valores tradicionales, de un desvelamiento social, especialmente en España, con la madurez democrática y el desarrollo económico.
Antes los roles estaban cerrados, sólidamente arraigados desde hacía mucho tiempo. Las diferentes corrientes sociales se han llevado por delante elementos básicos de anclaje de ideas que se tenían como inquebrantables. Todo cambio tiene sus víctimas, entre ellas es lógico pensar que sectores de la población como los menores son los que especialmente lo sufren.
Han cambiado los roles, el papel del padre y de la madre son diferentes en diversos campos; los tutores son los encargados de atender las necesidades básicas -y las que no son básicas- del menor; pero, tales cambios han permitido a los padres o tutores asumir nuevos modelos educativos, es más, nuevos modelos de relación con unos menores que ya no ocupan el mismo lugar dentro de la familia que antes; porque ni las familias son las mismas, ni el mundo en el que se inserta es el mismo que hace, ya no 50 años sino 10.
Los procesos de cambio son vertiginosos, ni el menor a veces sabe o puede asumirlos; los padres carecen de habilidades –ellos mismo lo manifiestan así- ni de tiempo. ¿Estamos hablando al fin y al cabo de “huérfanos sociales”?
Bueno, lo que realmente parece claro es que el pasado de los menores se nos escapan de las manos, quizás porque el pasado que ya no es lo que era.
"

firmado por Tindalán.

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