lunes, 19 de mayo de 2008

Raquel Herranz Lauría, coordinadora del área técnica de la fundación tutelar "Feclem"

Raquel Herranz
Valladolid.
«La protección jurídica es muy dura, pero les permite recuperar su vida»
Con una larga trayectoria en la atención de enfermos psiquiátricos, esta experta analiza las claves de la tutela.

Raquel Herranz es una educadora social con una larga trayectoria en la atención de enfermos mentales. Vallisoletana, comenzó su carrera profesional en la asociación El Puente en 1991 como voluntaria, para unos cuatro años más tarde comenzar ya a trabajar en la federación Feafes. Hace cinco años que se trasladó a León para participar en un proyecto ya consolidado como es el de la fundación Feclem, con sede en dicha ciudad, que ampara bajo su tutela a pacientes psiquiátricos judicialmente incapacitados.

-¿En qué situación está una persona para que pierda legalmente su capacidad de obrar?
-Son personas con una patología mental grave y prolongada que les impide hacerse cargo de sus propios intereses y que, además, carecen de familia que pueda hacerse cargo de ellos. Bien porque no la tienen o por una fuerta animadversión contra sus allegados, porque es a los primeros que culpabiliza un enfermo, quienes promueven ingresos en centros...
A veces, el juez considera que no hay parientes idóneos para hacerse cargo de ellos o viven lejos
-Son problemas que superan a las familias...
-Son situaciones muy difíciles, en ocasiones imposibles para las familias. Las minan, no hay dispositivos suficientes que las amparen y además los enfermos mentales sin seguimiento de su medicación terminan creando una fuerte alarma social.
-Feclem asume su tutela si la deriva un juez, pero ¿qué pasa si son indomiciliados?
-Efectivamente, cuando tienen casa o están en una residencia es más fácil. Si viven en la calle asume la tutela la Junta y se encarga de buscarles un recurso adecuado. Tenemos un convenio con la Consejería de Familia, con limitaciones económicas, y nos reunimos en comisiones de seguimiento cada tres meses. Estamos en contacto con Servicios Sociales y con Sacyl porque en algunos casos afecta a recursos sanitarios y, en otros, más a los sociales; pero faltan recursos sobre todo para crónicos y mini residencias.
-¿Qué perfil puede definirse en los casos de tutela?
-Cada caso es todo un mundo. Hay personas con domicilio, otras viven en la calle. La próxima semana voy a visitar a cuatro afectados. Uno vive en una nave sin luz ni agua, sin nada. Otro en su domicilio con su familia y con graves problemas por la administración del dinero. El paciente se niega a ir al taller de rehabilitación, no hace caso a las indicaciones. Otro está en una residencia y necesita que se regule su situación patrimonial. El último caso es el de un chico joven al que hay que buscar alguna alternativa... cuatro casos, una misma provincia, y nada tienen que ver entre sí.
-¿Pueden recuperar su capacidad jurídica?
-Sí, éstas son medidas no necesariamente definitivas, depende de su evolución e integración social. Tenemos un caso de Valladolid que vivía en un banco, intervinieron los Servicios Sociales del Ayuntamiento, entró en un centro de desintoxicación por drogas, después en una residencia y recuperó su capacidad. Conozco un caso que incluso trabaja, se ha casado y tiene hijos. Tenemos familias enteras bajo nuestro amparo porque tienen hijos, somos ya hasta abuelos..., aunque los niños tengan algún pariente que asume la tutela también son nuestra responsabilidad. La mayoría de los casos de Valladolid son de gente que tiene domicilio.
-Es duro para ellos y para ustedes.
-Mucho. Al principio, el primer año nos odian, luego están muy agradecidos y es gratificante, logran recuperar su vida, tienen sus ahorrillos porque comienzan a trabajar, vacaciones... Terminan por comprender que la protección tutelar es eso, una protección.
-¿Los vagabundos que vemos en la calle suelen ser enfermos?
-Suelen tener un trastorno mental de fondo. Hay que trabajar con ellos, con cada individuo

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