sábado, 28 de junio de 2008

Las drogas y la publicidad del miedo


Que "los adolescentes y jóvenes sean capaces de vivir relacionándose con las drogas sin que éstas les creen ningún problema", lo dice el psicólogo Jaume Funes. El profesor de la Universidad Ramón Llull de Barcelona es un rompedor. Más de uno se sentirá escandalizado por sus palabras.

Dice también el polémico Funes: es preciso que los adolescentes y jóvenes tengan información y conocimientos que "les permitan construir su relación personal no problemática con las drogas", lo que forma parte de la prevención y "no pretender que nunca se van a relacionar con ninguna droga". Lo espetó a Efe y sus palabras han corrido como un huracán por el país. Pero lleva razón. Las drogas estuvieron, están y estarán siempre presentes en las sociedades.

O el personal, da igual la edad, aprende a convivir con ellas sin que sea vea afectado o, de lo contrario, que no salga a la calle. A mí, particularmente, no me influye lo más mínimo que alguien a mi alrededor se esté fumando un porro o utilice otra droga. Me da igual. Si surge el momento intentaré convercerle de que acepte algunas cosas que van en contra del consumo. Y si no lo consigo, allá cada cual con su cuerpo y su mente.

Funes va más allá en su mensaje, que comparte plenamente. "Hay que traspasar a los adolescentes nuestra idea adulta de que mejor vivir sin drogas que con ellas, pero, como se van a relacionar con ellas, deben aprender a tener una forma de vida propia, en la que la droga tenga un espacio muy reducido, sin que les cree ningún problema". Y ahí entran también las nuevas tecnologías. "Utilizar el mundo complejo de la sociedad en red, en la que ellos se mueven como pez en el agua y en la que los adultos, en ocasiones, somos 'inmigrantes digitales'".

Pues, como bien dice, las nuevas tecnologías ofrecen un mundo de "oportunidades", pero ello obliga a una educación diferente, en la que los educadores virtuales a través de la red son una herramienta que refuerza los sistemas de educación tradicionales. Para él, el problema no es hacer una página web, sino responder a los interrogantes "reales" que tiene este colectivo, lo que obliga a tener "muy claro" cómo se trabaja con los adolescentes y jóvenes, a los que "no se les puede dar sermones, sino facilitar información fiable para que tomen decisiones, valoren, piensen y razonen".

Que aprenda de una vez el Ministerio de Sanidad y acabe con esa publicidad del miedo. Porque los jóvenes no lo sienten. Son temerarios por edad.

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