domingo, 15 de junio de 2008

Ni gritos ni 'porque sí'

El colegio de Ventanielles (Oviedo) cierra su Escuela de Padres con un curso sobre educación afectiva y sexual para mejorar la relación con los hijos .

La educación sexual. Ése tema con el que «no sabes si te quedas corto o si te pasas». «No sabes a qué edad empezar a contarles cosas o si esperar a que te pregunten». Las dudas de Elsa Riopedre, madre de dos niños de 9 y 15 años que asisten al colegio de Ventanielles, son las de muchos otros padres.

Para ayudarles a educar sin morir en el intento está Enma González, coordinadora en este centro de la Empas, la Escuela de Padres y Madres que este fin de semana ha clausurado, junto a las otras 23 unidades repartidas por el territorio asturiano, un año dedicado a cubrir lagunas. «Son sesiones muy prácticas, algunos dicen que es como la 'super nany' de la tele», describe esta joven, técnico de la Asociación Simone de Beauvoir.

En la puerta del aula de audiovisual del colegio, algunas madres forman corros antes de entrar al último día de 'clase'. Como comentó González, aunque el grupo ha rondado las 14 o 15 personas a lo largo del año, «la mayoría son mamás». Los padres se escudan en el trabajo para delegar estas actividades. Y eso que en Ventanielles no hay excusa. «Hemos puesto en marcha una ludoteca para que los niños estén atendidos y los cursos se hacen por las tardes», subraya la profesora y coordinadora de Actividades Extraescolares del centro, María Teresa Arias.

Durante dos horas, Enma González expone los recursos que tienen los padres para comunicarse con los pequeños. En esta última cita el tema a tratar fue la educación afectiva y sexual. Para algunos padres, «hablar abiertamente» es focalizar esta cuestión en el sexo. Pero Ventanielles es un colegio de educación Infantil y de Primaria. «Damos a los padres nociones sobre cómo enseñar al niño a conocer su cuerpo, desarrollar su identidad sexual o qué son los roles de género», repasa González. El objetivo es que el niño crezca «con plena autoestima».

Pequeño decálogo
Almudena Pando, madre de una niña de 3 años, no se ha perdido ni un solo taller. Si bien a la hora de educar mucho es «intuición», cree que se lleva a casa «un pequeño diccionario para estar preparada». El tiempo de clase termina lleno de preguntas. Los padres traen al aula situaciones conflictivas y plantean cómo resolverlas.

El 'top-ten' del temario fue el taller 'Premios y castigos'. Para Elsa Riopedre fue el detonante de una nueva actitud que aplicó en casa. Los 'porque sí' y los gritos quedaron a un lado. En lugar de actuar en caliente, «ahora me lo tomo con tranquilidad, no decido sobre la marcha y razono con ellos el castigo para que me respeten», apunta esta madre.

Para Elsa, muchas veces quien lleva la iniciativa en casa acaba quedándose sin el respeto de los demás. «O te quita la autoridad el marido levantándoles el castigo o ellos mismos no te respetan», expone.

La filosofía de este programa y del propio centro -ubicado en un barrio con un 12% de inmigrantes- es contundente. «No se puede integrar a los alumnos sin implicar a los padres», señala la directora del colegio, María Jesús Barcia. La clave pasa por «aplicar la coeducación e implicar a las familias. Porque «no vale sólo con ir al colegio», razona González. María Teresa Arias es muy clara en este punto tras 25 años en el centro: «Es sangrante ver a niños con problemas y lo sencillo que sería todo con darles herramientas a los padres», concluyó.

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