lunes, 14 de julio de 2008

Cuando salí de...

Manos Extendidas ayuda desde su local en Oviedo a los inmigrantes que llegan a Asturias, para que hagan de ella su casa.

La asociación busca ahora voluntarios.

Que todos se sientan como en casa. Este es el propósito que la asociación Manos Extendidas quiere transmitir a los inmigrantes que llegan a Oviedo. Lo llevan a cabo con talleres de cuero o pintura en ropa, excursiones y juegos típicos asturianos como los bolos o la rana que hacen que se integren más fácilmente en la sociedad asturiana.

Muchos de los que intentan llegar quedan en el largo camino que separa sus países y otros muchos que consiguen venir aún les queda mucho más de lo que han caminado por andar. Para ayudarles en el camino, para ello luchan los miembros de Manos Extendidas.

Intentan dar apoyo a todas las personas que pueden aunque "acogemos más bien sin papeles, les ofrecemos todo hasta que puedan independizarse", explica Mari Paz Izquierdo, trabajadora social de la asociación. Es el caso de Kalil, un joven marroquí de 17 años que llegó a España hace casi dos en busca de trabajo y una nueva vida a bordo de los bajos de un camión en los que tuvo que esconderse durante un día entero hasta que se sintió a salvo y pudo salir.

Kalil está bajo la tutela del Materno del Principado de Asturias hasta que cumpla la mayoría de edad y sea él mismo quien tenga que buscarse su futuro, para lo que se está preparando en parte gracias a la ayuda de Manos Extendidas, adonde acude desde hace siete meses como alumno de clases de español. En Marruecos dejó una familia formada por 12 hermanos de los cuales sólo él, el más pequeño, huyó hacia una tierra de nuevas oportunidades. En su español aún reducido confiesa estar "contento y muy feliz" y con una simple y tímida sonrisa expresa el agradecimiento que siente hacia los miembros de la asociación.

Un proyecto en marcha que cuenta con cuatro pisos de acogida, dos de ellos en Figaredo "muy deteriorados que tendremos que cerrar, lo que supone que catorce personas se queden en la calle", explica Izquierdo mientras añade que ya se han comenzado las negociaciones para intentar salvar esas viviendas.

Parece que los esfuerzos de este colectivo funcionan entre los inmigrantes porque sólo el año pasado pasaron 107 alumnos de español por sus clases, "un día nos llegamos a quedar sin sillas", comenta Izquierdo. Ahora la cifra alcanza 63 alumnos de 21 nacionalidades diferentes --aunque las más abundantes son de Marruecos y países del este-- a las que sus maestros se tienen que enfrentar para poder enseñarles la que han decidido sea su nueva lengua. A la hora de las clases han tenido que hacer dos grupos "porque nos venían chicos nuevos y los teníamos que juntar con otros que a lo mejor llevan 15 días", además, "se nota una diferencia muy grande con las mujeres marroquíes porque no saben ni leer ni escribir en su propio idioma, lo que ralentiza el aprendizaje" comenta la trabajadora social.


Los requisitos

Lo difícil no es lograr que el programa funcione con los que llegan --que ya saben que sólo tienen que pasarse por el local-- sino con los que ya están aquí, "porque se necesitan voluntarios", gente cuyo único requisito es saber español y tener ganas de darse a los demás, sin esperar nada a cambio, sabiendo que como pago tendrá una sonrisa o la satisfacción de hacer las cosas bien.

Una gran familia en la que se intentan celebrar cumpleaños y fiestas porque, como Mari Paz Izquierdo asegura, "el presidente de la asociación no sabe decir que no a nada".

Manos Extendidas está además embarcada en otro proyecto con Cuba. Trabajan para que los que han tenido que abandonar su casa se sientan en ella.


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