lunes, 21 de julio de 2008

El café más solidario

Los voluntarios del programa «Calor y café», que gestiona la ONG Cáritas desde mediados de los noventa, ofrecen conversación, compañía y un lugar donde dormir.

«La muerte de mi madre me dejó destrozado. Mis vecinos me decían que terminaría como el hijo de Lola Flores». Esto es sólo un retazo de la historia de uno de los usuarios del servicio de atención a transeúntes y toxicómanos de Cáritas. En «Calor y café» encuentran compañía, conversación y una cama donde pasar la noche. Un proyecto que Cáritas puso en marcha en 1996 y al que este año el Ayuntamiento de Oviedo y Cajastur han ayudado con 89.000 euros.

Este tipo de aportaciones sirve para mantener las 38 camas con las que cuenta el centro. La compañía la ponen voluntarias como Rocío Gómez, que lleva año y medio en el proyecto. «Me ayuda a conocer otras realidades, a sentirme útil y echar una mano a la gente que lo necesita», comenta. Mientras habla, los usuarios van llegando a la salita de estar después de hacer sus camas. Para ellos es un enorme comedor, con sillas, mesas, cartas y una pequeña televisión donde pasar unas horas. Las voluntarias están con los usuarios mientras la trabajadora social y la monitora abren la puerta a los más rezagados que tratan de aprovechar hasta el final la luz del día.

José, uno de los transeúntes, se une a la charla mientras Rocío García explica la necesidad que todos los usuarios tienen «de irse a la cama después de haber tenido una conversación normal». La convivencia de tanta gente durante la noche debe estar regida por unas normas mínimas. Desde Cáritas se dictan las normas de mínima exigencia, que se resumen en comportamiento cívico y respeto. Casi el mismo respeto que existe entre la Administración y Cáritas. Por eso, Belén Fernández, edil de Centros Sociales, explica que la cooperación entre el Ayuntamiento y Cáritas «es muy importante. No sólo con "Calor y café", también con otros servicios de este tipo, como la Cocina Económica, el albergue o el centro de día». «Pero "Calor y café" no es lo mismo que el albergue, no se trata de duplicar servicios», tercia Zoraida Sienra, responsable del programa de transeúntes y toxicómanos de Cáritas. «El albergue está destinado a personas que no tienen arraigo, pero que tampoco llevan una problemática asociada. En "Calor y café" las personas que vienen tienen una intención de asentarse en Oviedo y en muchos casos llevan asociados problemas de adicción o incluso problemas de salud crónicos. Estos últimos casos han aumentado mucho en el año 2007». El perfil de los usuarios de este servicio responde a un hombre de 45 años, en paro y con problemas con el alcoholismo u otras sustancias. Todos ellos saben que tienen en «Calor y café» un sitio donde dormir, alguien con quien hablar y un compañero de cartas. La televisión suena de fondo entre cigarros e infusiones. A las doce de la noche se irán a la cama sabiendo que las persianas de «Calor y café» se cerrarán por la mañana, pero volverán a abrir cuando la noche amenace de nuevo.

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