jueves, 14 de agosto de 2008

Las casas de acogida rechazan a las mujeres maltratadas con adicciones.

Cientos de víctimas no reciben el tratamiento adecuado para escapar de la violencia.
Seguramente nunca pensó que alejarse de su maltratador sería tan complicado. Raquel (nombre ficticio) denunció a su pareja que, pese a todo, seguía persiguiéndola. Cuando intentó pedir ayuda en un centro de acogida se encontró con las puertas cerradas. Raquel no era una víctima de violencia de genéro como las demás, ella sufría también adicción a las drogas. "Tuvimos que acogerla en nuestros pisos", cuenta una trabajadora social de un centro para drogodependencias de Vigo. "Pero no están adaptados para ellas, en las salidas tenía miedo de que él la siguiera". Las viviendas para mujeres maltratadas excluyen a las personas con adicciones en la mayoría de las comunidades autónomas, por carecer de medios para evitar posibles problemas de convivencia.

La falta de recursos especializados las deriva a los centros de tratamiento de drogodependencias habituales, donde pueden llegar a compartir terapia con hombres que precisamente tienen problemas para controlar la violencia. En este entorno, no encuentran solución a sus problemas de dependencia emocional, abusos o autoestima. Con el riesgo añadido de acabar cayendo en nuevas relaciones tormentosas.

¿Cómo conciliar la atención a este colectivo con los intereses de otras personas necesitadas de ayuda?

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