viernes, 12 de septiembre de 2008

Verano de agua, otoño de fuego

La sonrisa de Sale es amplia y sus ojos chispean cuando recuerda el frescor del río y las salpicaduras desde la piragua sobre las aguas del Sella. Hace ya varios veranos que este niño saharaui se refugia en España de los rigores del estío en su tierra natal. Y ayer era uno de los primeros en regresar a casa, con ganas, según confesaba, de ver a sus padres tras los dos meses que pasó en Asturias. A su lado, sentada en las gradas del teatro de Los Canapés, Deixab reconocía que estaba triste. La niña, otra veterana del programa «Vacaciones en paz», se debatía entre la alegría de regresar a casa y el dolor de dejar a su otra familia, la de acogida. Ellos dos, lo mismo que el resto de 350 niños de los campamentos de Tinduf, se llevan consigo al desierto recuerdos empapados de agua: la playa, la piscina e incluso las tímidas lluvias de otoño que ayer salpicaron su marcha.

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