domingo, 26 de octubre de 2008

"Los marroquíes del Materno responden bien cuando se les lleva a Sograndio"

El fiscal de menores achaca los problemas de la unidad de acogida a que «los jóvenes no tienen respeto a la mujer y nadie puede castigarles allí».

Emigrar a otro país arrastrado por los padres supone un reto que no superan todos los jóvenes. Durante 2007, uno de cada cinco casos estudiados por la fiscalía de menores tiene al menos a un inmigrante encausado. La cifra resulta desproporcionada en una región donde los empadronados que nacieron fuera de España apenas suman el 3%.

«Es verdad que a veces entre estos chicos hay un problema de adaptación a una sociedad que les resulta extraña», analiza el fiscal Jorge Caldevilla. Las estadísticas, en todo caso, están muy influidas por el paso que dio el Principado en 2005, al aceptar la acogida de los menores magrebíes que llegan en patera a Canarias. Estos jóvenes acaban en el Materno Infantil, un centro de acogida con problemas «estructurales» para cumplir esa función.

«Los jóvenes que llegan tienen en general poco respeto a la mujer, y la mayoría de las trabajadores del centro lo son», relata Caldevilla. Además el Materno es un centro de acogida, «del que acaban entrando y saliendo cuando les da la gana», un factor que explica que este año ya se hayan fugado del centro uno de cada cuatro jóvenes. Frente a ello existe un reglamento que «impide reaccionar con sanciones ante faltas leves». El resultado es que «cuando uno o dos jóvenes se muestran agresivos, pueden monopolizar con su actitud todo el centro», lamenta el fiscal de menores.

La situación se complica por la «frecuencia con la que estos chavales se ponen a inhalar disolvente, algo que les vuelve muy agresivos», apunta. La masificación que han traído los menores marroquíes al Materno unido a estos factores explican las agresiones que padecen unas trabajadores del centro, que en el último mes han denunciado ya cuatro casos.

Ante esa realidad Caldevilla señala que «este colectivo marroquí, aun siendo difícil, suele responder bastante bien cuando se les ingresa en Sograndio». Según el fiscal de menores «allí, con límites y gente que les enseñe un oficio, empiezan a encauzar su vida».

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