domingo, 26 de octubre de 2008

Uno de cada 4 jóvenes que ingresa en Sograndio es reincidente.

La delincuencia juvenil aumenta en el Principado, donde el 11% de los menores condenados en 2007 acabó en Sograndio.

Resoplar» es lo primero que hace un abogado al recibir la llamada para llevar el caso de un joven. Su oficio es luchar a capa y espada por el cliente, «pero con un menor la cosa cambia; más que defender que le caiga la pena mínima, vas al juzgado con la idea de colaborar con el sistema y que tenga un castigo del que pueda aprender». Así lo confía Luis Nogueiro, letrado del turno especial de menores. Esa es la primera estación de un engranaje jurídico por el que cada vez pasan más jóvenes asturianos. Según el fiscal jefe de Asturias, Gerardo Herrero, el año pasado la región recortó sus índices de delincuencia en todos los tramos salvo en el de los menores de 21 años. Ahí hubo un 24,2% más de denuncias por lesiones, los robos con violencia crecieron un 63,7% y los de tráfico de drogas se multiplicaron por cuatro.

Ese repunte de la violencia juvenil no entiende de clases sociales. «Por aquí pasan muchachos cuyos padres ya están en Villabona, pero también hijos de policías locales que se meten en problemas de drogas», explica Nogueiro. En total los jueces condenaron en 2007 a 273 jóvenes asturianos de entre 14 y 21 años. El 11,7% de ellos recibieron sentencias que los condujeron directamente hasta la última parada del sistema penal, el centro de internamiento de Sograndio, donde se tratan los casos más extremos.

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