martes, 9 de diciembre de 2008

Cordero y cuscús para la Fiesta Grande

La de los argelinos Djamal Bourouf y Djamela Benchiha es una de las 250 familias musulmanas que ayer festejaron en Gijón el día más importante del Islam.

Djamal Bourouf, Djamela Benchiha y su hijo de dos años Ilyes estaban ayer de fiesta, como todos los gijoneses, pero no por el Día de la Inmaculada, sino por la festividad del 'Aid El Adha' (la Fiesta del Sacrificio) o 'Aid El Kabir' (la Fiesta Grande). Al igual que los cerca de 1.500 millones de musulmanes de todo el mundo, esta familia argelina instalada en Gijón desde 2005 celebró ayer la fiesta más importante del mundo musulmán -junto al mes del Ramadán- y que recuerda el sacrificio de Abraham, que degolló un cordero a instancias de Dios después de que en un principio le ordenara sacrificar a su hijo Isaac.

Conocida como la Pascua musulmana, esta celebración tiene lugar al término del peregrinaje anual a La Meca -una de las obligaciones que los musulmanes tienen que hacer al menos una vez en la vida-, en el día décimo del mes lunar del Dualhuya, y dura dos días enteros, aunque los ritos más importantes se concentran en el primer día de fiesta.

El sacrifio del cordero se realiza al concluir el rezo de la mañana y la cabeza del animal tiene que estar mirando a La Meca. Tras rezar unos versículos del Corán, el matarife tiene que degollar el cordero pronunciando las palabras 'Bismi Alah' (en el nombre de Dios). Uno de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse la comunidad islámica de Gijón es al cierre del matadero comarcal a causa del puente de la Inmaculada, por lo que los cerca de 400 musulmanes -unas 250 familias- que viven en la ciudad acudieron a algunas carnicerías que tuvieron la deferencia de abrir a primera hora de la mañana para cumplir con el rito islámico.

Paralelismos
La Fiesta del Sacrificio tiene grandes paralelismos con la Navidad cristiana. «Esta fiesta es para pasarla con la familia, arreglar cualquier problema antiguo y borrar todo lo malo», expresa Djamal. Así, en la casa de esta familia procedente de Orán se reunieron el hermano de Djamal y la madre y la hermana de Djamela, además de Miguel, un amigo gijonés del matrimonio. «Aún no conocemos a mucha gente en Gijón», señala el padre de familia.

Este es el segundo año consecutivo que Djamal y Djamela sacrifican un cordero, puesto que en los dos primeros años de su nueva vida en Gijón carecían de los recursos necesarios para comprar un cordero, cuyo precio puede ascender hasta los 100 euros la pieza. «Al no poder sacrificarlo, lo que hicimos fue comprar carne de cordero para cocinarla y seguir la tradición», apunta Djamela. En este sentido, la costumbre islámica obliga a que parte de la carne sacrificada se entregue a los más necesitados para que también puedan cumplir con la gran fiesta musulmana.

Las celebraciones comenzaron en casa de Djamal y Djamela a la hora de la comida, cuando todos se sentaron alrededor de la mesa para degustar la carne de cordero asada. Tras la sobremesa, las mujeres se dirigieron a la cocina para preparar durante la tarde el cuscús con carne que comieron en la cena, además de una tarta de chocolate y nata. Todo ello acompañado de té y refrescos, ya que los musulmanes no pueden tomar ninguna bebida con alcohol.

Vestimenta típica
Una vez preparada la cena, tanto mujeres como hombres se vistieron con túnicas típicas árabes, «aunque yo todavía no tengo una en Gijón», se disculpa Djamal. El que sí la tiene es su hijo Ilyes, gijonés de nacimiento y que celebra su segunda Fiesta del Sacrificio. Todos ellos se reunieron en torno a una mesa para cumplir con esta tradición y desear a todos los musulmanes del mundo una 'Saha Aidkom' (feliz fiesta).

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