domingo, 4 de enero de 2009

«La pobreza de los inmigrantes es económica, pero no de valores»

SOR BLANCA ARGOTE (RESPONSABLE DE LA COCINA ECONÓMICA EN OVIEDO).
«El problema de nuestra sustitución es una realidad que está ahí, quizá los seglares puedan tomar el relevo»

Sor Blanca Argote habla de forma sosegada y segura. Transmite tranquilidad, una calma que no ha perdido en los casi 7 años que lleva al frente de la Cocina Económica, sino más bien todo lo contrario. A diario da de comer y cenar a los hambrientos, junto a otras cuatro monjas y casi un centenar de voluntarios, y para esta Hermana de la Caridad no hay nada mejor: «Es una experiencia gratificante».

-Se le ve feliz con el modelo de vida que ha elegido.
-Yo me dediqué a la enseñanza y no conocía directamente esta experiencia con este colectivo tan necesitado. Cuando me ofrecieron la oportunidad me sentí muy incapacitada, pero está siendo una bonita etapa de mi vida.

-¿No le resulta difícil, dura?
-Para nada. Este colectivo, que de vez en cuando viene un poquito saturado de problemas, respeta mucho a las hermanas. Les dices cualquier cosa, y te escuchan y acogen. Es rarísimo el que responde agresivamente.

-Símbolo de agradecimiento.
-No sé lo que piensan ellos, pero la experiencia que yo recibo es esa. Es gratificante. Pienso: Dios mío, a mí me respetan. La experiencia es positiva.

-Aunque entre las personas que acuden a la Cocina Económica puedan existir roces, ¿ha nacido alguna historia bonita entre ellos o son muy individualistas?
-Hay de todo. Estamos viendo gestos muy bonitos, por ejemplo si una persona no puede llevar una bandeja (esto es como un autoservicio), hay quien se ofrece a llevársela.

-¿Dan de comer a todo el que se acerque a su casa?
-Lo único que pedimos son 50 céntimos por la comida o por la cena. Muchos de ellos vienen sin ese dinero, pero nadie se queda sin comer. Aunque sí que les añadimos: 'No te acostumbres, porque lo mismo que tú están todos los demás'.

-Vamos que no han cerrado la puerta a nadie.
-Cerrar la puerta, no, pero prevenir posibles dificultades, sí. Si vemos que fuera de la casa están un poco encendidos, les damos un bocadillo y les decimos que no pueden entrar en esas condiciones.

-¿Hay horarios para comer o cenar?
-Es de las pocas normas que tenemos. Les pedimos que vengan a comer de una a dos menos cuarto, porque la primera experiencia que tuve es que llegaban hasta las cuatro de la tarde. Y no puede ser, porque las empleadas y voluntarias tienen que marcharse. Pusimos un tope porque, entre otras cosas, no tienen otra cosa que hacer.

-Ellos llegan, comen y se van.
-Eso es, no es un colectivo muy propicio para quedarse de tertulia. Comen a su ritmo y se marchan enseguida, porque quieren fumar o estar en su ambiente.

-Las personan que hacen uso de este servicio fluctúan, pero tendrán algunos fijos.
-Sí, sobre todo los que tienen una 'pensioncita' pequeña con la que se pagan una habitación y vienen aquí por poco dinero. Es un grupo muy pequeño, como mucho son 15. Luego, hay otro colectivo que fluctúa muchísimo (vienen, marchan, vienen) y después hay otro que lo conforman los inmigrantes. Este último grupo son los primeros que conocí hace seis o siete años: llegaron, tuvieron un trabajito, empezaron a defenderse y marcharon. Pero están volviendo.

-Por la crisis.
-Sí, porque les falta trabajo.

-De hecho, han aumentado las comidas y cenas un 30%.
-Ahora, a diario damos 250 comidas y cenas.

-Son muchos platos.
-Y no les falta nunca una sopita, un cocido, carne o pescado y fruta y yogures. Los domingos, si podemos, tienen una bebida sin alcohol y café y leche.

-¿Cómo afrontan este aumento?
-Soy creyente y consagrada a ello y hay alguien que anda por en medio, y ese alguien es con A mayúscula. Han aumentado las comidas, pero también la oferta de voluntarios que quieren ayudarnos. Este año han venido 30 más y son ya 90. Es una bendición del cielo. Y después Oviedo no es insensible a esta realidad. Colabora muy bien, al igual que entidades e instituciones como el Principado, el Ayuntamiento, Cajastur o La Caixa.

-Volviendo a la crisis, ¿nota que los asturianos hacen ahora más uso de la institución?
-Sí y los de otras provincias, los que llamamos transeúntes.

-Usted distingue entre varios tipos de pobrezas.
-Sí. Una parte del seno materno: familias destrozadas, con situaciones lamentables e infancias y adolescencias difíciles. Los valores que tienen estas personas... son los que tienen. Su recuperación es difícil y han caído en otras pobrezas, como el alcohol o las drogas. Otra pobreza es la de los inmigrantes, que es económica, no de valores. Ellos se agarran a cualquier trabajo, son ahorradores, muy agradecidos y nada exigentes.

-Los usuarios son adultos. ¿No pueden venir niños?
-No hay una ley que lo prohiba, pero pretendemos que vengan aquí mayores de 18 años, cuando ya se pueden defender personalmente. Puede haber un brote de violencia y no es agradable.

-Querían montar un 'catering' para llevar comida a los ancianos a sus casas. ¿Lo han llevado a cabo?
-No hay nada de eso, pero sí que vienen algunas familias y recogen lo que hay de menú para llevarlo a casa, sobre todo si hay niños. También ha habido alguna experiencia de venir con niños y ponerlos en otro comedor, pero no es muy demandado.

-¿Tienen relevo generacional para que la Cocina Económica siga la labor emprendida en 1888?
-Está bastante difícil, con relación a la comunidad es una realidad que está ahí: el problema de la sustitución. Pienso, como está ocurriendo en algunas otras entidades, que quizá los seglares vayan a tomar el relevo.

-¿Qué les supuso recibir el premio Príncipe?
-Aunque no trabajamos para que se nos reconozca, nos gusta que el servicio sea valorado.


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