sábado, 24 de enero de 2009

NIEVES SALAVERRI RELIGIOSA E IMPULSORA DE LA PRIMERA ESCUELA GITANA EN ASTURIAS

«El Cascayu es un gueto y los guetos destruyen a los niños»
«No es vedad que no se pueda hacer nada por los gitanos, lo que pasa es que hay mucho racismo»

Cuando Nieves Salaverri comenzó a trabajar en el poblado gitano de Matalablima, percibió que los niños tenían «mucho miedo» a los payos. Para vencer su desconfianza, siempre iba provista de caramelos. Desde entonces, la conocen como 'La carramelos', por su gusto a los dulces y por su peculiar pronunciamiento de la erre. En la cárcel de Villabona, donde cada semana dirige talleres con mujeres, la llaman 'la tía Nieves'. Con un nombre u otro, Salaverri es la impulsora de la primera escuela dentro de un poblado y quien más ha ayudado al colectivo gitano a conseguir su integración. El Consejo de Ministros le ha concedido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

-¿Hay que tener una personalidad especial para montar una escuela en un poblado gitano?
-Siempre he sido un poco traviesa y me ha ayudado mucho en la vida. Dios me fue preparando para una cosa así con mi forma de ser. También influyeron mis padres y que, cuando tenía 10 años, vi morir a un niño de hambre en Vitoria.
-Debió ser muy duro.
-Fue en El Portalón, que ahora es un restaurante muy elegante. Me marcó. A otro niño lo salvamos. Mi padre siempre estaba en San Vicente de Paúl, ayudando, al igual que mi madre. Y me fueron enseñando el camino de la vida.
-Asegura que entró en el convento con la ilusión de ser santa.
-Sí, al principio no sabes exactamente que es ser santa... hasta que lo descubres: el servicio a los más pobres. Y es lo que procuro hacer.
-Era profesora del colegio de Las Ursulinas cuando entró en contacto con el colectivo gitano.
-Conocí a un grupo de jóvenes de La Milagrosa que iban con una hermana los fines de semana a Matalablima. Habían comprado una chabola por 15.000 pesetas. La segunda escuela, ya en un prefabricado, la pagó la fundación Santa María, y la pintamos con la bandera gitana.
-Cuando pisa por primera vez Matalablima, ¿qué sensación tiene?
-No recuerdo qué sensación me provocó. Lo que me pareció es que se podía hacer algo. Aunque no viví allí, empecé a ir por el poblado.
-La primera escuela gitana nace en los setenta. ¿Cómo fueron esos primeros días de clase entre chabolas?
-Se hacía lo que se podía. Los mayores ayudaban con los pequeños. Aunque ninguno sabía leer, ayudaban a que se estuviesen quietos. Los primeros niños que tuve eran 58, de 6 años a 14. Los padres se asomaban para ver qué era aquello.
-¿La jornada era completa?
-Era un horario partido y a veces me quedaba a comer con ellos en alguna chabola. Me invitaban. Era bueno irles conociendo y enseñarles a los padres la importancia de la enseñanza.
-¿Qué ha sido de los 58 niños con los que usted comenzó?
-Se nota mucho que se ha trabajado con ellos. Eso de que digan que no se puede hacer nada con ellos, no es verdad; lo que pasa es que hay mucho racismo. Ser gitano está mal visto. Muchos de estos niños han hecho cursos de todo tipo para prepararse, pero luego no les dan trabajo porque les meten a todos en el mismo saco. Todos son unos ladrones, unos sucios..., y eso no es verdad. Esto es lo que les mata a los gitanos. Son como nosotros: unos de una forma y otros, de otra.
-Están preparados con muchos cursos, pero ¿qué es lo mejor que se les da?
-El carné de conducir. Estamos tratando que todos lo tengan. Se les da bien el vender, buscar cosas en la basura. Es así de triste, pero es así. En la basura se encuentran muchas cosas y con el carné de conducir se buscan la vida. Porque la mujer es la que tiene que dar de comer a los hijos, el hombre no. Esto está cambiando un poco.
-Gracias a la educación.
-El que los niños vayan a la escuela desde pequeñitos con otros niños les está cambiando. Les está haciendo ver que ya no pueden seguir cogiendo chatarra solamente: tienen que estudiar. Pero en Asturias están muy atrasados todavía.
-¿Cuánto duró la escuela de Matalablima?
-Nueve años y medio y después con José Luis Iglesias Riopedre, que entonces era director de Programa, me fui a buscar escuela por Oviedo. Encontramos una que nos pareció muy bien, la de Pumarín.
-¿Y cómo fue el primer paso a la integración?
-El primer día o el segundo, mal. Los padres no querían y fueron a la consejería a decirlo, pero luego ya, al revés, nos querían mucho. Todavía ahora, cuando voy a Pumarín, la gente me pregunta: «¿Y aquélla niña que tenía aquellos ojos verdes?» Me llena de gusto.
-Volviendo atrás, Matalablima se eliminó y se construyó otro gueto. ¿Por qué?
-¿Por qué? Porque decían que los gitanos no estaban preparados para vivir en otro lado, y no es verdad. Después de acabar con Matalablima, me tocó recorrer con los topógrafos de Oviedo todos los montes de alrededor de la ciudad. Fue algo increíble. Una vez, una concejala nos llevó al basurero. Cuando bajamos del coche, vimos unos pajarracos enormes, y una monja mayor que venía conmigo empezó a gritar: «¿Dónde están los derechos humanos?». La concejala se asustó y dijo: «Aquí no». Es increíble la forma de querer meterlos en donde sea, menos en Oviedo, cuando son familias que ahora están estupendamente y no parecen las mismas. No es lo mismo las que viven en gueto que las que no.
-Ahí está la evolución.
-Sí, pero mira lo que pasa en la Sierra de Granda, es un disparate. Allí hay otro gueto y ahora que los niños van a la escuela pública, no va ningún niño payo. Sólo va uno de 3 años. Todas estas cosas me indignan. ¡Qué pasa que estos niños son distintos, qué pasa que no pueden aprender igual, qué pasa que no tienen derecho a la vida!
-Aún existe El Cascayu.
-El Cascayu es un gueto, y el gueto es la destrucción de los niños, porque esos niños van a la escuela, pero luego tienen que regresar al gueto. No pueden decir a sus amigos que les vayan a ver a sus casas. Les da vergüenza decir dónde viven.
-¿Cuántas personas residen allí?
-Ahora hay 16 familias. Ya lleva seis años, pero debe desaparecer. Para quitar un gueto hay que hablar con cada familia y ver realmente su necesidad.
-¿Los guetos van a desaparecer?
-Van a acabar desapareciendo si poco a poco vamos sacando a las familias de allí, aunque sea una a una. Pero igual acaba desapareciendo por cuestión económica.
-Por la venta del suelo.
-Está Parque Principado allí, quieren hacer un paseo por la ribera del río, poner un tren... Quizá desaparezca por esto, aunque me gustaría que fuera también por cuestión social.
-¿El Ayuntamiento ayuda?
-Ha mejorado algo, pero se podría haber hecho más. El Ayuntamiento es regular para estas cosas sociales. Pero mientras exista un sólo gueto, no hay nada que hacer. Yo ya no sé cómo decirlo.

Entre Rejas
-Acude a Villabona con la asociación Prisión y Sociedad y hace un taller de manualidades. ¿Trabaja con payas y gitanas?
-Allí me encuentro mujeres gitanas sobre todo, pero también mercheras (alguien payo que ha vivido al estilo gitano) que nunca han coloreado ni recortado. A los 60 años las ves que disfrutan porque están aprendiendo a leer y eso es una lección de vida. Nos dedicamos a juzgar a los demás y no nos damos cuenta de que si hubiéramos vivido lo que han vivido estas personas, seríamos mucho peor que ellas. Estoy convencida.
-¿La cárcel rehabilita?
-Algunas, cuando tienen familias y les apoyan, salen adelante, pero si están solas y van a la calle, vuelven a entrar otra vez. Algunas hasta 16 veces.
-¿Qué es lo peor de la prisión?
-Las relaciones. Date cuenta que estás en una celda, viene una nueva reclusa, te la meten a dormir contigo en un espacio pequeño y te cierran por fuera. Es tremendo.

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