domingo, 11 de enero de 2009

Tres historias de racismo

Dos inmigrantes y una joven gitana relatan la incomprensión, insultos y rechazo que aún hoy siguen padeciendo en las Cuencas por su origen, etnia o color de piel

Negro de mierda», «puto sudaca, vete a tu país» y «no alquilaré mi casa a una gitana». Éstas son algunas de las perlas que tuvieron que escuchar dos jóvenes inmigrantes y una chica de etnia gitana, que actualmente viven en Mieres. Su historia no es distinta a la de muchos inmigrantes que residen actualmente en Asturias o en España. Lo han dejado todo «para encontrar algo mejor» y no han querido renunciar a sus raíces, aunque «a menudo pagamos un precio muy alto».

Raymond Hernández es un joven natural de Venezuela. Hace dos años decidió embarcarse en un proyecto profesional y se encaminó hacia España. «Al principio me vine para Barcelona para grabar un disco, pero al final me engañaron y lo que parecía ideal, no lo era tanto». Después, viajó hasta Mieres. «Me dedico a lo que más me gusta, a la música». Sin embargo, asegura que «vivir aquí, siendo inmigrante, no es fácil». El joven recuerda aquella vez en la que «un Policía, en Oviedo, me llamó sudaca de mierda, por lo que le contesté mal y sus compañeros comenzaron a darme golpes, dormí una noche en el calabozo». A día de hoy, las cosas han mejorado mucho para Hernández. El joven afirma tener «aquí mi grupo de amigos, paro por bares con ambiente latino y me relaciono por igual con gente española y sudamericana». Aunque afirma estar muy a gusto en Mieres, «nunca renunciaré a mis raíces, siempre quiero recordar mis orígenes para no convertirme en un xenófobo con los míos». En este sentido, Hernández asegura que «Mieres no es un sitio muy racista, pero hay muy pocos latinos. Creo que por eso la gente reacciona mejor que en otros lugares».

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