viernes, 2 de enero de 2009

Vetado por gitano

Un hombre intenta alquilar un piso en Oviedo y se le deniega por ser romaní Enrique Jiménez asegura que "ese fue el regalo de Navidad para mi familia".

"Impotencia, desazón, disgusto... odio".
Enrique Jiménez no se anda con tonterías, estas cuatro palabras son muy duras, pero resumen el estado de ánimo en el que le ha sumido el regalo que ha recibido estas navidades. Puede parecer imposible en pleno siglo XXI, pero no tiene piso nuevo por ser gitano. Jiménez iba a cambiar de casa estas fiestas porque en la suya "está destrozada", con "humedades, entre otras cosas". Cumplimentó todos los trámites, presentó todo el papeleo, se ilusionó e hizo planes para estas familiares fiestas pero "cuando fui a firmar todo cambió, de repente me dijeron que ni hablar. Yo pregunté la razón, porque aquello era muy raro y la respuesta dolió, la soltaron sin pelos en la lengua y me dijeron que no alquilarían el piso a un gitano".

Jiménez no se lo creyó de primeras y acudió a la agencia que había gestionado todo a pedir soluciones. "Estaban la dueña de la gestoría y su madre, le pregunté si ella no iba a hacer algo y me dijo que no, que ella estaba allí para ganar dinero y no para otras cosas", explica. Jiménez no sabía qué hacer, pero la madre de la dueña de la gestora tomó cartas en el asunto: "Su madre le preguntó que entonces dónde quedaba la ética? y la hija le dijo que la pela era la pela y que se callara. Llegó un momento que, por desesperación, a mí me entraba ya hasta la risa". Para Jiménez, "esta mujer fomenta el racismo porque permite que esto suceda y le da igual, su madre está claro que es una gran persona, pero la dueña de la gestoría ya se ve lo que hay, no hace falta ni decirlo".

MAREAR LA PERDIZ

El caso es que este hombre, casado y con tres hijas, se quedó con un palmo de narices "tras un montón de tiempo dedicado a este piso, a dar vueltas y rellenar impresos, a entregar las nóminas de todos, solo faltó que me pidieran los papeles de la bicicleta de la abuela". Y cree que no es justo: "Me negaron el alquiler por ser gitano, ese fue su regalo de Navidad para mí y para mi familia". Jiménez no cree posible que "me volvieran loco dándome vueltas para un lado para luego llegar a esto, no hay derecho a que me nieguen el alquiler de un piso por ser gitano y, lo peor, es que no va a pasar nada de nada, no habrá consecuencias y a nadie le importará ni lo más mínimo".

LA XENOFOBIA EXISTE

Jiménez asegura que no entiende "cómo pueden luego decir que no hay racismo o hablar de integración, cómo quieren que se integre nadie así, si importamos menos que los perros". Este padre de familia sabe de lo que habla, pues es el presidente de la Federación de Asociaciones Gitanas Chanela Dikerar y la Asociación Gitana Arate, entidades que luchan precisamente por la integración de los gitanos. "Una más", afirma Jiménez, que asegura sentirse perseguido muchas veces. "Estas cosas desembocan en odios por las dos partes y luego no es de extrañar que a veces todo esto acabe con problemas mayores", reconoce con la boca pequeña. Jiménez asegura que "yo no quiero vivir en un gueto, no soy distinto al resto de la gente".

Este gitano también tiene unas palabras para las administraciones, quienes, según explica, tienen la culpa de todo lo que sucede y de mucha de la mala imagen de los gitanos. "Cuando reparten los pisos no hablan con las asociaciones, que son los que conocemos lo que hay y sabemos quiénes están preparados para vivir en comunidad y cuales no". Pero hay más, "sea por lo que fuere, terminan dando esos pisos a los menos indicados de todos, es como si los escogieran por malos y ese termina siendo el ejemplo que la gente conoce de los gitanos, al final esos pocos hablan por los demás cuando, encima, son los más problemáticos".

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