miércoles, 25 de febrero de 2009

En los bajos de un camión

Llegaron huyendo de la pobreza y saltaron de una comunidad a otra hasta entrar en Asturias.
Lograr papeles y un empleo son los objetivos de los menores extranjeros.

Entraron en España en patera o en los ejes de un camión huyendo de la pobreza. Y saltaron de una comunidad autónoma a otra hasta llegar a Asturias. Su objetivo? Conseguir papeles y un empleo con el que mandar dinero a sus familias. Están acostumbrados a trabajar. En su Marruecos natal lo hacen desde niños. En Asturias, alojados, en ocasiones desde hace 12 meses, en la unidad de primera acogida del Centro Materno Infantil continúan a la espera tanto de los papeles como de la formación que les dé acceso al mercado laboral.

Los datos que encabezan este reportaje figuran en el informe sobre la situación de los menores extranjeros no acompañados presentado el lunes por la procuradora general, María Antonia Fernández Felgueroso, ante el Parlamento autonómico. La investigación, que cuenta también con el testimonio de los propios menores, pretende trazar una radiografía bastante fideligna del colectivo. Sabemos así que el primer expendiente de tutela tramitado de un menor extranjero no acompañado se produjo en Asturias en 1995. El menor, de 15 años, procedía de Guinea Conakry, y viajó desde Ceuta en los bajos de un camión. La mayor afluencia de estos menores se registra, sin embargo, mucho tiempo después. Es en 2006 cuando ingresan en la red de acogida del Principado un total de 101 menores. Senegaleses y, sobre todo, marroquís. Todos los menores que han llegado a Asturias en 2006 y 2007 son varones en plena adolescencia, entre los 15 y los 18 años. El informe de la procuradora alerta, sin embargo, de que las menores de sexo femenino, a menudo, pasan inadvertidas porque entran por circuitos más ocultos, de carácter mafioso, que buscan su explotación sexual.

Por nacionalidades, marroquís, rumanos y senegaleses encabezan el drama de la inmigración de menores a Asturias y sus puntos de entrada a España se registraron, sobre todo, en Canarias y Algeciras. El medio de transporte más utilizado fue el camión. Los menores se esconden en los ejes, con el riesgo que implica, para pasar las fronteras. Cada vez, sin embargo, es más frecuente la paterización o entrada en pequeñas embarcaciones. La razón de su viaje no es otra que económica. Nueve de cada diez apuntan que necesitan ayudar a su familia y reconocen que la situación en su país es muy difícil. Nueve de cada diez dicen también haber llegado sin documentación con el propósito de evitar la temida repatriación. Algunos de los menores aseguran que han sido repatriados y otros no dudan de que, si lo fueran, tratarían de intentar de nuevo la entrada en España. Hasta un 83% afirma que volvería a hacerlo.

El boca a boca es el medio más utilizado para favorecer la movilidad entre los centros de acogida. Los adolescentes saben qué comunidades ofrecen mejores condiciones. La mitad de los menores se han visto obligados a vivir temporalmente en la calle, aquí en España. Todos ellos refieren, sin embargo, que por poco tiempo. La relación con sus familias de origen, contra lo que pudiera pensarse, no es mala. De hecho, los menores aseguran que sus padres les han ayudado en el viaje y añaden que es precisamente el facilitar más ayuda económica a sus seres queridos lo que promueve el éxodo. Casi todos ellos, que apenas saben leer y escribir, tienen experiencia laboral en Marruecos. Comienzan, los más prematuros, a los 10 años, con recados o en ventas ambulantes. Otros trabajan en talleres que no requieren ningún nivel de instrucción. Los adolescentes llevan poco tiempo en España, pero piensan que no se han equivocado al marcharse del país. El 83% asegura que quieren quedarse aquí, en Asturias, un largo tiempo, hasta que logren el dinero suficiente que les permita volver a Marruecos y ayudar a sus familias.

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