domingo, 12 de abril de 2009

BERTA MONTOYA PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE INMIGRANTES RESIDENTES EN ASTURIAS


«En Asturias no hay bandas latinas, sino un problema de integración»
«Episodios como los de Gijón sólo son hechos aislados. Si realmente hubiera 'maras', la Policía no podría con ellos»


La detención de 14 jóvenes presuntamente relacionados con la banda latina de los 'Ñetas', una de las más extendidas y violentas de América Latina, hizo saltar hace una semana las alarmas en relación a los grupos juveniles organizados, con una larga trayectoria en otras comunidades, pero hasta ahora no asentados en Asturias. Berta Montoya, salvadoreña y presidenta de la Asociación de Inmigrantes Residentes en Asturias, asegura que «por fortuna», no se puede hablar de la llegada de las 'maras' a Asturias. No obstante, cree que los jóvenes que llegan de Latinoamérica para vivir con sus padres, miembros de la primera generación de inmigrantes, encuentran grandes dificultades de integración, lo que hace que abandonen los estudios y busquen vías de escape a su sensación de desarraigo.


-A tenor de las últimas operaciones policiales en Gijón, ¿cree que se puede hablar de presencia de las bandas latinas en la región?

-No creo que lo que haya en Asturias sean bandas organizadas. Yo nací en El Salvador y conozco a los Latin Kings, la Mara Salvatrucha... No, no es lo mismo. Si esto realmente fueran bandas organizadas, las cosas aquí no estarían como están, habría más violencia. Esto son hechos aislados, las maras son otra cosa, algo mucho más serio. Tienen sus códigos, un jefe directo que les guía... La Policía no habría sido capaz de detenerles así como así. Lo que sí pueden existir son pandillas, pero no una banda como los 'Ñetas'.


-La Policía sí relaciona a los 14 detenidos de la semana pasada con este grupo por su organización, su estética...

-Los pantalones de macarra, de cagados, los han usado los niños pijos en todas las partes del mundo. No se puede decir que alguien porque lleve tal chaqueta o tal pantalón caído es un 'ñeta', o es de la 'mara' tal o de la 'mara' cual. Son cuestiones de modas, que van con el momento. ¿Organización? Lo que hay en Gijón son tres, cuatro amigos que se juntan para causar líos, y ya. No tienen un líder, ni un control como el de las bandas.


-Pero sí parece haber un problema de delincuencia juvenil entre los jóvenes inmigrantes...

-Está pasando algo parecido a lo que ya ocurrió en Francia, con la diferencia de que allí se trataba de jóvenes que eran franceses de nacimiento. La mayor parte de la gente de estas pandillas son jóvenes de 15, 17 ó 18 años, que han dejado su país de origen y llegan a un lugar donde se sienten desarraigados. De alguna manera pierden su identidad, y la sociedad de acogida no hace prácticamente nada para facilitar su integración. El Estado no da una respuesta adecuada para poder acoger a nuestros hijos, a esta segunda generación de inmigrantes, que llega con la reagrupación familiar.


-¿A qué se refiere con esas dificultades de integración?

-Si es un niño pequeño, no hay mayor problema. Lo difícil es cuando llegan adolescentes. En los institutos, por ejemplo, no existe un aula para que se vayan adaptando al ambiente ni se les hace una prueba de conocimientos adecuada. Llegan de su país con una educación distinta, y les tiran de cabeza al curso que toque, como si tiraran a la piscina a alguien que no sabe nadar. Al final para ellos es una frustración, mucho estrés. Entonces se niegan a ir al colegio, porque es como llevarles al matadero. No terminan el instituto, pero tampoco se les ofrecen cursos de formación, programas de integración... Al final se pasan el día de fiesta y en la calle, porque no ven una salida, ni ven que les valga para nada el estudio, ni nada. La Administración está fallando, no está preparada para acoger a adolescentes inmigrantes.

-En cualquier caso, este fracaso escolar o esta falta de adaptación en ningún momento debe justificar el recurso a la violencia...

-Nosotros decimos claramente 'no' a la violencia. Venimos de países en los que hay mucha violencia en la calle, donde no puedes estar fuera de casa más allá de las diez de la noche, y aquí encontramos una situación totalmente distinta, con mucha más seguridad. Por eso, lo que no vamos a admitir es que vengan los nuestros a agobiar a los demás y a causar problemas. Para nosotros, inmigrantes son aquellos que dejaron su país de origen para buscar una vida más justa, un trabajo mejor para ellos y para sus hijos. Y eso no significa venir a molestar a los demás. A un macarra no lo admito, ni en mi asociación, ni en ningún lado, sea de la nacionalidad que sea.

-¿Hablamos entonces de un problema de juventud, antes que de un problema de inmigración?

-Yo creo que sí es un problema general. Los jóvenes no encuentran una salida, y en esta situación de crisis no saben siquiera si estudiar les sirve para algo. Pero les pasa a todos. Cada vez hay más jóvenes que no aprueban el bachiller, y no sólo los hijos de inmigrantes. Pero estos últimos tienen el agravante de venir de donde vienen, de sentirse desarraigados. Se pone como algo diabólico lo nuestro, cuando realmente es un problema global. Antes de empezar a criticar a los chicos y de querer exagerar el fenómeno, lo que tiene que hacer el Estado es ponerse a trabajar una nueva relación social.

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