lunes, 31 de agosto de 2009

Radio de palabras menores


Un centro de reforma de Cádiz, usa las ondas para tratar a jóvenes


Mohamed lo intentó cinco veces. Siempre le pillaban. Se escondía en los bajos de un camión en el puerto de Tánger (Marruecos) y trataba de cruzar la frontera. Le descubrían, le devolvían a su ciudad y él lo volvía a intentar. En la quinta consiguió su meta de llegar a Algeciras. Alcanzó a pie Málaga, a 140 kilómetros, pero su aventura acabó en un centro de menores. Entonces tenía 15 años, ahora está a punto de cumplir 18 y narra su vida en un conseguido español delante de un micrófono. De momento lo hace como entrevistado, pero pronto aspira a tener con sus compañeros de internamiento su propia radio y su propio programa.


Mohamed pertenece a un reducido grupo que el experto en educación social Ignacio Santiesteban, ha elegido entre los residentes en el centro de menores infractores de Puerto Real (Cádiz). "No ha sido una selección estudiada. Hemos formado un grupo casi al azar. Pero están mostrando un gran interés desde el primer día", reconoce el educador. El grupo de chavales ha viajado esta semana por el ajetreado mundo de las mesas de sonido, los micrófonos, las peceras y los auriculares.


Los chicos han visitado tres emisoras, de Canal Sur, la Cadena SER y Onda Cero, donde han conocido en persona las exigencias del directo, el poder informativo de las ondas y las enormes posibilidades de la comunicación entre locutores y oyentes. Una primera toma de contacto como preludio a su siguiente paso.


El centro de menores, con el apoyo de la Asociación de la Prensa de Cádiz, quiere crear una emisora, en principio de circuito privado, para que los internos tengan una oportunidad de expresarse. "Se consigue algo especialmente importante para ellos. Aprenden a hablar y también a escuchar. Se convierten en protagonistas, en receptores y emisores, se les da el doble papel que les permite comunicarse", explica ilusionado el periodista José Lorenzo Benítez, que ha acompañado a los chavales en sus primeros contactos con la radio.


"Se trabaja mucho", concluye Mohamed, cuando le preguntan por su visión del mundo radiofónico recién descubierto. Su mente se mueve ya entre el gusanillo hambriento de micrófono y la ilusión de recibir sus primeras clases en cursos que le prepararán para alguna profesión con la que aspira a obtener un trabajo y su estancia definitiva en España, ese falso paraíso por el que arriesgó cinco veces su vida bajo los ejes de un camión.


"Nosotros tenemos muchas cosas que contar", defiende enérgicamente. "Podemos hablar de emigración, de drogas, de sexo, de trabajo, de nosotros", sugiere para llenar de contenido el nuevo programa. El futuro espacio quiere nacer de una mezcla de acentos y vivencias personales tan diversas y controvertidas como las que bullen a diario en un centro de menores.


Los participantes en la iniciativa, que cumplen medidas judiciales bajo régimen semiabierto, cubrirán 20 horas de formación teórica y práctica. Sabrán de la labor de los periodistas, productores, locutores y técnicos, intercambiarán esos roles y prepararán la escaleta de su propio magacín sonoro, como cualquier profesional. Unos, como Mohamed, abogan por el debate de temas candentes para ellos. Otros, como Antonio, se dejarán llevar por la música y, si hace falta, se arrancarán por sevillanas para demostrar sus dotes. El centro de menores confía en las posibilidades de la comunicación radiofónica para ayudarles como ya se ha hecho en experiencias previas en cárceles o las favelas de Brasil.


La nueva emisora quiere llamarse Radio Legal y su programa estrella, Palabras menores.



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